viernes, 1 de agosto de 2008

Vaca


Cuando estaba en primer grado, durante los convulsionados setentas, una amenaza de bomba hizo que nos sacaran a todos a la plaza que estaba enfrente de la escuela.
Los chicos corrían de aquí para allá disfrutando un inesperado y enorme recreo, y yo, que percibía algo raro, ví llegar a los bomberos con su sirena ensordecedora y aún cuando ya se habían ido seguía llorando aterrado. Entonces se me acercó una nena que me llevaba algunos años y una cabeza, sería de sexto o séptimo pero con su instinto maternal y tratando de calmarme comenzó a explicarme lo que estaba sucediendo. Su historia inventada me fue atrapando de a poco y mi tensión se fue transformando en atención. La seguía fijamente con mis ojos todavía empapados y moqueando.
-¿Y sabes que encontraron los bomberos? -me dijo-,
un paquete con… ¡Una docena de facturas!
La risa que no estaba en mis planes estalló en mi cara en vez de la falsa bomba, haciéndose paso entre mis lagrimas. Y el miedo como vino se fue.

Quizás por eso de ahí en mas la risa me acompaño siempre como un antídoto.
Me hice cómico-adicto, Carlitos Bala, los uruguayos, Biondi, el negro Olmedo, Tato, todos ellos eran mis héroes.
Los hermanos Marx, Woody, Chaplin, Niní Marshall, Saturday night live. Cha cha cha, Seinfeld, Monty pithon. Los imitadores, buenos o malos.
Siempre empecé a leer los diarios por atrás. Fontanarrosa. Quino. Caloi, Sendra, Guinsburg, Liniers, Rep,
Las revistas Humor. Hortensia. Barcelona. Soy un especialista.
Absurdo o con sentido. Político o filosófico, negro, verde, el humor te pone en otra dimensión.
Mi hermano Diego dice que siempre se va acordar de mi risa resonando en el comedor vacío frente a la tele. Un poco melanco pero la imagen no me disgusta.

Hace años a mi viejo una enfermedad de mierda lo transformo de un día para el otro y le hizo perder casi todas sus capacidades, físicas y mentales. Mi familia se tiñó de tristeza, pero un domingo vimos como la palabra “vaca” le hizo escupir la sopa. Cada vez que la pronunciábamos era como hacerle cosquillas, empezamos a repetirla solo para verlo reír otra vez.
La risa se abre camino entre la oscuridad, puede demoler el terror, puede curarte por un rato. La risa te enciende la cara. Ilumina la mirada. Te sorprende. Puede venir agazapada en un paquete de facturas como en el comienzo de mi vida o montada en una vaca como en el final de la de mi papá.
La risa es como el relámpago que hace día la noche por un instante.
¡Vaca!

lunes, 29 de octubre de 2007

Mi receta del abadejo a la crema


Apenas di vuelta la llave de la puerta de casa supe que iba a ser una mala noche,
y lo supe porque las he tenido buenas.
Hay tres mensajes nuevos en el contestador. A saber:
una publicidad de un candidato político, una encuesta y una llamada equivocada.
Me derrumbo en la cama a un brazo de la montaña de botones que forman los controles de la tele, el DVD, el equipo de música, la video, el celular y el inalámbrico. Puteo porque no tengo uno para apagar las luces.
Repaso de arriba abajo y de abajo a arriba la lista de teléfonos del celular y a ningún nombre le corresponde alguna razón para marcarlo.
Está claro que va a ser una mala noche y lo se porque las he tenido buenas.
El reloj de la video dice 09:22 PM.
Temprano hasta para los que se acuestan temprano.
Enciendo la tele y me acuesto boca abajo. Cierro los ojos. Doy vueltas en la cama.
No me duermo, creo que me duermo, me duermo, me despierto y empiezo de nuevo.
Mala noche y además pinta larga.
El reloj de la video dice 11:51 PM
El reloj de la video dice 01:11 AM
El reloj de la video dice 02:54 AM
El reloj de la video dice 04:32 AM
Una frase me da vueltas en la cabeza. La escribo:
“Me desperté con un dolor tan grande como la alegría que me diste”
inmediatamente hago un bollo con el papel.
Las luces siguen prendidas. La tele también. Tengo hambre, abro la heladera.
Un pote de crema de leche reina en soledad.
Me acuerdo que ayer compre pescado. Lo busco. Lo encuentro. Abadejo. Ok.
Abadejo a la crema entonces.
Abro una botella de vino que me lleva de un sorbo a aquella que tiraste una vez desde el balcón, dejándome ver un poco de tu deliciosa locura.
Me pregunto como se prepara una salsa de crema, no veo a ningún critico de gastronomía cerca, entonces me animo a hacerla a mi manera:
Pico una cebolla y tres dientes de ajo. Echo un trozo de manteca y un chorrito de aceite de oliva en la sartén caliente. Sal y pimienta. Un poco de vino blanco.
Tengo un almácigo en el balcón con algunas hierbas que uso para condimentar y para acordarme de donde vengo. Encaro para allá
Mientras el pescado se dora en el horno.
Romero, salvia, ciboullette. Me asomo al balcón y busco el lugar exacto donde se hizo añicos la botella de Yacochuya. Ni rastros, dudo que haya sucedido.
Vuelvo con las hierbas y mi angustia y me felicito por haber retirado la sartén del fuego antes de irme de excursión al balcón.
Pico las hierbas. Echo la crema. Echo las hierbas, revuelvo y listo. Supongo.
Me siento a la mesa y pruebo el primer bocado mientras mi panza y un tenue rayo de luz que entra por mi ventana me dicen que ya no es una mala noche.