
Cuando estaba en primer grado, durante los convulsionados setentas, una amenaza de bomba hizo que nos sacaran a todos a la plaza que estaba enfrente de la escuela.
Los chicos corrían de aquí para allá disfrutando un inesperado y enorme recreo, y yo, que percibía algo raro, ví llegar a los bomberos con su sirena ensordecedora y aún cuando ya se habían ido seguía llorando aterrado. Entonces se me acercó una nena que me llevaba algunos años y una cabeza, sería de sexto o séptimo pero con su instinto maternal y tratando de calmarme comenzó a explicarme lo que estaba sucediendo. Su historia inventada me fue atrapando de a poco y mi tensión se fue transformando en atención. La seguía fijamente con mis ojos todavía empapados y moqueando.
-¿Y sabes que encontraron los bomberos? -me dijo-,
un paquete con… ¡Una docena de facturas!
La risa que no estaba en mis planes estalló en mi cara en vez de la falsa bomba, haciéndose paso entre mis lagrimas. Y el miedo como vino se fue.
Quizás por eso de ahí en mas la risa me acompaño siempre como un antídoto.
Me hice cómico-adicto, Carlitos Bala, los uruguayos, Biondi, el negro Olmedo, Tato, todos ellos eran mis héroes.
Los hermanos Marx, Woody, Chaplin, Niní Marshall, Saturday night live. Cha cha cha, Seinfeld, Monty pithon. Los imitadores, buenos o malos.
Siempre empecé a leer los diarios por atrás. Fontanarrosa. Quino. Caloi, Sendra, Guinsburg, Liniers, Rep,
Las revistas Humor. Hortensia. Barcelona. Soy un especialista.
Absurdo o con sentido. Político o filosófico, negro, verde, el humor te pone en otra dimensión.
Mi hermano Diego dice que siempre se va acordar de mi risa resonando en el comedor vacío frente a la tele. Un poco melanco pero la imagen no me disgusta.
Hace años a mi viejo una enfermedad de mierda lo transformo de un día para el otro y le hizo perder casi todas sus capacidades, físicas y mentales. Mi familia se tiñó de tristeza, pero un domingo vimos como la palabra “vaca” le hizo escupir la sopa. Cada vez que la pronunciábamos era como hacerle cosquillas, empezamos a repetirla solo para verlo reír otra vez.
La risa se abre camino entre la oscuridad, puede demoler el terror, puede curarte por un rato. La risa te enciende la cara. Ilumina la mirada. Te sorprende. Puede venir agazapada en un paquete de facturas como en el comienzo de mi vida o montada en una vaca como en el final de la de mi papá.
La risa es como el relámpago que hace día la noche por un instante.
¡Vaca!
